El sábado fui a la marcha. No es la marcha del orgullo gay, lesbico, y ese largo etc. Es LA MARCHA. Es la mejor. La más esperada. La más divertida. La más provocadora. No voy a entrar a hablar de consignas de luchas, lo único que voy a decir es que la pasé de puta madre. Fue una verdadera fiesta. Bailé al ritmo de ABBA, Pablito Ruiz, Erasure, MIKA, Leo García, etc. Caminé junto a Diego Trerotola, Miguel Rep, la reina Fernando Noy y mi ídolo Daniel Link. Me crucé con amigos, con filos de una noche, con gente que no me quería cruzar (léase gente con la que tuve algo y terminó mal), con compañeros de trabajo (Trabajo en un callcenter. Osea un pelotero de putos), etc. Me chupó todo un huevo. Baile hasta que me cansé. Escuche discursos sin que me importara mucho lo que decían. Y me encontré con...¿mi chico? Sí, es mi chico aunque solo estamos saliendo. Hacía rato que no me divertía tanto. Me preguntó si los hetero se divertirán tanto como nosotrxs.
Esta nota no es sobre La mujer sin cabeza, es sobre los tres personajes femeninos más fuertes que aparecen en la película.
Vero
Vero (María Onetto) es como cualquier otra mujer de clase media. Casada, profesional, activa, reprimida, etc. pero algo en el camino de regreso a su casa la hace cambiar. Su vida da un giro de 180 grados. Se trastoca por completo. Poco importa si fue porque atropello un perro, un niño, o las dos cosas o nada, lo que importa es que eso que pasó la cambió. Ahora hay algo que retumba todo el tiempo dentro de su cabeza. Es muy fácil decir que es la conciencia lo que perturba a Vero, pero en realidad hay algo más detrás de su malestar. Matar a alguien no es algo que a mucha gente le provoque dilemas morales. Woody Allen cuando no era solemne dirigió una gran película llamada Crímenes y Pecados, allí el personaje de Martin Landau mandaba a matar a su amante. Hacia el final de la película a Martin la muerte de alguien que amaba (o creía amar) ya no le pesaba. ¿Por qué iba a pesarle la muerte de un perro o de un pibe desconocido a Vero? Pero también somos seres humanos y tenemos sentimientos. Nos apena la muerte, pero más nos apenas que nos muevan el piso. Nos aterra que la seguridad sobre la que armamos nuestro día a día desaparezca de un plumazo. Quizás sea eso lo que acecha a vero, el terror de que su vida ya no va a ser la misma y de que ya no hay nada sobre lo que apoyarse. El cimiento de su vida burguesa se despedaza y eso le come la cabeza. Se convierte en una mujer sin cabeza.
Lala
Todo el mundo dice tener una tía loca. Todos dicen que su familia la oculta y por una extraña razón gozan dando a conocer ese pariente de cuya existencia no tienen pruebas. Yo no tengo tíos. Ni locos ni cuerdos. Mis viejos son hijos únicos. Sin embargo me pasé la vida llamando tío y tía a un montón de amigos y parientes lejanos de mis padres. Hoy con 22 años lo sigo haciendo. Si tengo un primo segundo. O tercero. Se llama Antonio y se parece mucho a la tía Lala. Lala y Antonio son al mismo tiernos y aterradores para su familia. Mi familia es bastante grande y nos vemos poco. A Antonio hace casi un año que no lo veo pero si veo seguido a sus tíos (a quienes yo también llamo tíos), que son primos de mi mama. La última vez que vinieron a casa a comer les preguntamos por Antonio a lo que contestaron: Esta bien, ¡Igual de loco que siempre! Para que mentir, mi familia es bastante pacata y el hecho de que a alguien se le de por ir a laburar por poca guita a un hospital en la loma del orto cuando se recibió de medico con diploma con no se que honores es algo incomprensible. Mi mama dijo que ya se le iba a pasar esa locura. Es lo mismo que piensan de mí. Que ya se me va a pasar eso de ser homosexual. Antonio so sabe que soy gay (mis tíos tampoco) pero estoy seguro de que si algún día se entera le va a chupar un huevo. Lo primero que me preguntaría es si tengo novio y si la paso bien. Lo demás no importa. Lala no encaja porque dice que lo que se le canta. Uno la ve tirada en la cama con esos anteojos de señora con plata venida a menos, ese peinado batido y no puedo menos que decir para uno mismo: pobrecita, le queda poco. Lo mismo que piensa toda su familia Siempre está encuadrada contra el enorme respaldo de la cama lleno de dibujos en la madera (como la cama de mis padres) como si fuera un trono. Como si el reinado que alguna vez tuvo se hubiera terminado y ahora solo le queda la atención/aguante de sus súbditos/parientes que la tratan como si hablaran con nene de 5 años. “Si tía”, “No tía”. Pero la vieja no esta gaga. Sabe muy bien lo que pasa. Es la única que sabe lo que verdaderamente pasa. Es la única que sabe que ese peinado y esos antejos son pura apariencia. Que toda su familia está escondida detrás de una fachada de familia tipo. Están atrapados de por vida en una actuación para la gilada. Una cárcel de la que no pudo escapar. Una condena de la que solo la redimirá la muerte. Pero quiere que su acto final sea salvar a Vero. Para que no tenga que representar una pantomima delante de los vecinos. Delante toda la puta ciudad. Ninguno de los dos (de los tres. María Vaner tampoco encajaba en el mundillo de los actores) encaja en sus familias. Están destinados a ser el paria, el raro, el loquito.
Candita
Si odie a una actriz durante algo más de una año fue a Inés Efrón. La culpa la tuvo XXX. Una película de mierda. Sí, una película de mierda. Las películas que son una porquería (moral y técnicamente hablando) merecen ser calificadas así, violentamente, porque violentan al espectador. Lo violentan con respuestas hipócritas y cobardes a preguntas imbéciles que nadie hizo. Efrón pasó de una actuación torpe y falluta a una interpretación creíble y sincera. Dejó de ser Alex y se convirtió a mi adorada Candita. Unas pocas escenas le bastan para protagonizar una pequeña gran historia de amor no correspondido. Martel la filma siempre en planos cortos y cerrados junto a su tía Vero. Logra crear así una atmósfera de constante tensión entre una adolescente con las hormonas a más no poder y una mujer adulta que se anima al incesto hetero pero no al gay. Es la relación de opuestas perfecta. Candita dispuesta a llevar las cosas al límite y besar a su tía en su cuarto mientras en la habitación contigua esta su madre y acaba de salir su amiga/novia y una mujer que lo único que quiere es que todo vuelva a ser como antes y que la idea que le da vueltas en la cabeza desaparezca. La acción versus el estatismo. A los que dicen que no se entiende por qué Candita es lesbiana. Yo les preguntaría ¿Qué es lo que no entienden? ¿Qué es lo que no les cierra? ¿Qué sea torta? ¿Qué se quiera voltear a la tía? ¿O que la frase más humana y más llena de amor de toda la película salga de la boca de una lesbiana? ¿O están celosos porque nunca tuvieron a nadie a quién decirle: “Las cartas de amor se contestan o se devuelven”? Vero
La mueca en la cara de Vero cuando recibe la respuesta de la recepcionista del hotel lo dice todo. Ella sabe lo que pasó, sabe lo que hizo su familia. Ahora ya no hay vuelta atrás. Ya no hay golpe que valga. No hay más contusión. No hay más confusión. No hay más limbo. No existe más la triste esperanza de la enfermedad. La esperanza de convertirse en la próxima Tía Lala se esfumó. Ahora ve claramente. Ve la realidad. La terrible realidad de su familia. Ahora sabe que vive con una familia incestuosa e hipócrita, que es pura apariencia, que se pudre por dentro. Y que lo único que queda es sumarse a la masa y hacer de cuenta que no pasó nada. Y quitarse las penas escuchando a Demis Roussos.
Steve Zissou
La mujer sin cabeza (2008) Dirección: Lucrecia Martel
Vero: María Onetto Tía Lala: María Vaner Candita: Inés Efrón
Este es el tema de Demmis Roussos. Se llama Mammy Blue. Recomiendo escucharlo ahora y después ver la película. La percepción sobre la canción cambia extremadamente. De ser una inocente canción pop pasa a ser verdaderamente siniestro. Es imposible volver a escucharlo como antes. Ese es el poder del cine.
Esta nota llega un poco tarde pero la intención es buena. Siempre vale la pena recordar a los olvidados.
Debo haber visto Clue alrededor de 20 veces. La descubrimos mi vieja, mi hermana y yo un sábado a la noche hace unos 10 años atrás (quizás más). La estaban dando por América o Canal 2, vaya a saber uno como se llamaba en esa época, doblada al castellano. Nos había llamado la atención el hecho de que tuviera tres finales distintos además siempre en casa, a todos menos a papa, nos gustaron los “whodunits”. Con mi hermana lo que más nos divertía era esperar el final de la película para ver los créditos. Nos encantaba ver como se daban vuelta las cartas y se descubría el nombre de los actores mientras sonaba ese gran tema que es “Shake, rattle and roll”. Así descubrimos al groso de Tim Curry que hacía del mayordomo. Pero el viejo Tim no estaba solo. La película tenía en su elenco a Christopher Lloyd, Madeline Kahn, Martin Mull, Eileen Brennan, Michael Mckean y quien nos ocupa en esta nota: Lesley Ann Warren, que hace un par de días cumplió 62 años ¿Por qué hablar de una actriz que no tiene una súper trayectoria? ¿Por qué dedicarle una nota a alguien qué ha hecho casi siempre papeles secundarios? ¿Qué ha actuado en películas que ni se estrenaron en la Argentina? Por la sencilla razón de que Lesley Anna Warren a pesar de ser una actriz poco conocida ha hecho una serie de papeles destacables y es hora de que alguien se acuerde de ella. Se preguntarán quién es Lesley. Aquí va un pequeño resumen. Debutó en Brodaway en 1963 y participó de varios musicales entre ellos Scarlett, en donde hacía de Scarlett O’Hara, inspirado en la película Lo que el viento se llevó. Comenzó su carrera en el cine en el año 1967 coprotagonizando una película, que no vi y desconozco si se estrenó en Argentina, con Fred McMurray. Siguió participando en series y películas para TV, entre ellas Mision Imposible entre 1970 y 1971, hasta que en 1982 formó parte de la genial Víctor Victoria. Allí interpretaba a Norma Cassidy que le reportó una nominación al oscar que no ganó, pero ¿a quién le importan los oscarcitos? Después vino Clue y su magistral interpretación de Miss Scarlett, una femme fatale que vendía secretos de los E.E.U.U. a la unión soviética y viceversa. Era imposible no sentirse atraído por ella. Te gustara lo que te gustara. El gay que componía Michael McKean se sentía siempre incómodo ante la presencia exuberante del personaje de Warren. Ella era la más desinhibida de todas. Y a la que uno más le creía que podía ser la asesina. ¿Quién se iba a creer que la vieja Brennan podía matar a alguien? Lamentablemente poca gente se acuerda de esta película y de su actuación mientras que si es más recordada su actuación en Que perra vida uno de los opus noventeros de Mel Brooks, justito antes de que cayera bajísimo (Brooks no Lesley). Allí hacía de una vagabunda que ayuda y luego se enamora del personaje, ya grandecito para ella, interpretado por Mel Brooks. Sin duda alguna no es una gran película. De hecho quizás uno de los grandes problemas sea que esta protagonizada por el propio Brooks, que si bien es gracioso para que negarlo, al final termina siendo pesado. Sin embargo Lesley le da cierta calidez a la película. Ella siempre tiene el timming perfecto. Cuando aparece su personaje las cosas cambian. Uno temía que la película fuera a ser un bodrio. Bueno medio que lo es, pero Lesley la rema y la saca un poco a flote. Es el amor genuino que le demuestra a Pepto (Brooks) lo que hace que una película sonsa termine siendo simpática. Últimamente se la vio haciendo de madre tanto en cine, en la extraña e inquietante La secretaria, como en series de TV.
Esta madura morocha sigue trabajando irregularmente en Hollywood. Esperemos que algún director con buena memoria se acuerde de ella y podamos verla pronto en pantalla grande. Por ahora le decimos: ¡¡¡¡¡Feliz cumple Lesley!!!!
Steve Sizzou
Acá un compiladito de Clue al ritmo de “Shake, Rattle and Roll”
Un pequeño compendio de temas en donde el saxo es el rey.
A lo largo de mi vida tuve distintos amores con distintos instrumentos. Primero fue el piano. Quería ser como Rick Wakeman y toar catorce mil acordes por minuto en dieciocho sintetizadores distintos. Me duró un tiempo largo. Todo mi colegio secundario. Estaba obsesionado con el rock progresivo. Al principio solo me gustaban bandas que le dieran importancia a los sintetizadores pero con el tiempo amplié mis gustos, menos mal, y empecé a escuchar otras bandas como Gentle Giant o King Crimson donde los instrumentos tenían todos más o menos el mismo peso. Después quise ser bajista. Esto fue más o menos cuando entró el punk en mi vida. Hace unos 3 años más o menos. Quería tener una banda y hacer temas de The Jam como In the city o de Talking Heads como Psycho Killer. Como verán tengo un concepto muy amplio del punk. Y ahora se me dio por el saxo. No se porque. Lo único que se es que cada día me obsesiona más el sonido de los vientos pero sobre todo del saxo. Me vuelvo loco cada vez que escucho Mejor no hablar de ciertas cosas de Sumo con todas las distorsiones del saxo de Pettinato o cuando re escucho One more red nightmare de King Crimson. Pero lo cierto es que nunca aprendi a tocar nada. Salvo cuando era muy pendejo aprendi dos o tres giladas en la guitarra. No se si voy o no voy a aprender a tocar el saxo, es muy probable que no lo haga, pero mientras tanto comparto con ustedes un par de temas que me vuelven loco.
1 – Van Der Graaf Generador – Arrow
Estos tipos estaban locos. Literalmente. Prueba de ello es ese discazo que es Pawn Hearts (1972) que es uno de los pocos discos de rock progresivo que me siguen dando ganas de escuchar. Aunque es un poco limitado decir que Van Der Graaf es una abanda de rock progresivo. Es más que eso. Es algo absolutamente indescriptible. Solo se puede escuchar. Este tema no es de Pawn Hearts es de Godbluff (1975) pero igual la rompe. Escuchen el saxo y la voz de Peter Hamill y después me dicen si no los vuelve locos.
2 – Romeo Void – Never Say Never
A esta banda la descubrí de pura casualidad y me hice fanático al instante. ¡Bendito sea Youtube! Es una banda de principios de los ochenta. Pleno estallido de bandas que mezclaban el pop con el punk y creaban maravillas absolutamente innovadoras y que incitaban al baile. El saxo de este tema es impresionante y tiene un sonido muy pettinatesco (Van Der Graaf también). O al revés.
3 – Los abuelos de la nada – Medita sol
Mi primer amor (sin contar a Walter Quiroz y a Nano de Jugate Conmigo) fueron Los abuelos de la nada. Iba a todos lados con mi casette grabado. Escuche este tema un tiempo después y siempre me gustó aunque el saxo aparece poco. El tema sería perfecto con otro solo de saxo en vez de sintetizador.
4 – Sumo – Virna Lisi
Y si algo de ellos tenía que haber. Me costó elegir un tema porque el saxo de Pettinato me parece lde o mejor que he escuchado. Me decidí por Virna Lisi que no se porque razón se lo pasa poco por las radios. La cuestión es que esta buenísimo, el saxo distorsionado suena muy bien y no hay nada más divetido que andar gritando ¡Virna……..Lisi!
5 – Rick James – Superfreak
Algo de funk no podía dejar de poner. Rick James es un muchacho que en los ochenta la pegó con un par de temas. ¡Pero que temas! Superfreak es uno de esos temas. Tiene todo el ritmo. Es imposible no bailarlo y solo de saxo del final aunque sea muy corto es muy potente.
6 – Meatloaff – Hot Pattotie
Por último elegí este tema de una de mis películas favoritas. Es obvio que Meatloaff no toca el saxo pero lo cierto es que la canción es absolutamente pegadiza. Y ese saxo que se acerca al sonido de los 50 es imperdible.
Y si, el pibe es medio freak. Dacha una declaración de amor al pop de los ochenta (si existe tal cosa).
We can Dance, everydboy is out of control! We can Dance, Everybody look at your dance! Safety Dance, Men Without Hats
OK, lo admito. Tengo una fucking obsesión con los años 80. Específicamente con la música que se escuchaba en aquellos años. Se que parece que contradigo lo que dije con respecto a los sonidos y las décadas pero no creo que haya un sonido de los 80. Si en cambio me gusta mucha música de esa época. No se por qué. De hecho la mayoría de las bandas que me gustan no son de aquellos años (es muy difícil que me guste una banda nacida en los 80 pero si muchas canciones de distintas bandas) sino que sacan sus últimos (y no grandes discos) en esa época. Me encanta Talking Heads pero los discos que vienen después de Fear Of Music no los muestran en gran forma. Bueno quizás exagere un poco. Muy probablemente para cuando termine de escribir la nota me arrepienta de lo dicho sobre los cuatro neoyorquinos. Hay gustos que uno no puede explicar. Intenté hacerlo con la atracción que me producía el reality de los modelos. Esa cosa juguetona y superficial que tenía era lo que me tenía en vilo viéndolo. Y por sobre todo que era honesto. No intentaba otra cosa más que entretener. En una de esas, eso es lo que me atrae de muchas canciones de los años 80. Osea Wang Chung no era una buena banda ni a palos pero cada vez que dan un video clip en Vh1 uno se queda viéndolo. No sonaban mal pero las canciones eran realmente del montón. Pero al igual que el reality de modelos su única intención era que las chicas y chicos de los 80 se divirtieran y bailaran sin que les importara nada. Eso es lo que hace que estas canciones marquen la diferencia. El baile. Uno en los 70 no podía bailar un tema de Yes. Con un tema de The Ramones hacía pogo, aunque quizás eso también sea un baile. Con la llegada de la new wave, y luego con la profundización de estas bandas, se recuperó el baile. Cosa que estaba medio mal vista. ¿Quién no bardeaba a la música disco en los 70’s? Tarea más que noble la de estos tipos. Pero hay que decirlo, no estaban solos. Ahí estaban Hall & Oates, Men Without Hats, The Vapors, The Waitresses, The call y M (entre otros).
- ¿Quién? - ¿Cómo no conoces a M? Era ese que cantaba la canción donde repetían como quince veces “pop music”. - No. No lo tengo. A mi no me gusta el pop. - Entonces esta nota no es para vos.
Uh pero yo venía hablando de Wang Chung y quería hablar de su tema Dance hall days. Que digo tema. TEMÓN. Uno no puede más que sacarse el sombrero ante un grupo que decide recuperar los bailes de salón y reinterpretarlos en medio de un contexto ochentoso. La pura celebración del baile. De la fiesta. Si uno ve el video clip ve que el momento al cual se remonta el video son los años 30. Uno siente que en cualquier momento aparecen Cary Grant y Irene Dunne y se pone a danzar como en La pícara puritana. Es al mismo tiempo una celebración de la moda. El pelo platinado del cantante y la confesión letrística: “We were cool on craze”, eso solo se puede decir en una canción pop. Es una maravilla de canción por donde se la mire. Es prácticamente perfecta. Es una melodía tan pegadiza y al mismo tiempo no satura. No aburre. Es un tema que uno podría volver a escuchar mil veces. De eso que uno aprieta repeat en el equipo de música. No es para nada estridente. Es una canción que al mismo tiempo que invita al baile, relaja al oído con una bella melodía. Y así como se puede bailar al ritmo de este rubio platino se podía mover el cuerpo haciendo los pacitos de Safety Dance de Men Without Hats. Ese tema que parecía una canción de Jethro Tull en variante new wave. O si no Man Eater (¿No empieza parecido a Part time lover de Stevie Wonder?) uno de los tantos falsos lentos de la época como Everyday I write the book y China Girl. Y por qué no alocarse con The Vapors y bailar desenfrenadamente mientras se grita: “I think I’m turning Japanese”. Si era una época feliz. Puro baile. Esto fue lo que entendieron Virus, Los abuelos, Soda y también Sumo y Los redondos. Hay que bailar. Mal o bien pero hay que bailar.
¡¡¡¡Pero al final te gusta todo a vos!!!! Y la verdad que no. Y esto que quede bien claro: ABORREZCO EL METAL OCHENTOSO (léase: Twisted Sister, Deff Leppard, Poison, etc.)!!!!!!!!!!!!!. Debo una explicación.
Steve Zissou
El muchacho platinado y su grupete entonando su canción que incita al baile alocado.